LLEGO EL OTOÑO A NUESTRAS VIDAS

Vino el otoño por la puerta de atrás, cerrando las ventanas del verano a su paso por nuestras vidas. El bullicio de antaño, se ha convertido en una quietud haciendo que los pasos se duerman en el atardecer. A pesar que los años se acumulan a nuestro alrededor, seguimos remando en un mar abierto, recorriendo los espacios con el viento a favor o en contra de la corriente, avivando todos los días, el fuego del corazón para que los sueños no se los lleve el viento del norte.

Hemos pactado con el destino, una unión con una base sólida en la esencia del amor. El equilibrio de la relación lo tenemos porque somos luz y sombra de nuestro propio resplandor y prisioneros de nuestro querer que se nutre más allá de las estrellas, cerca del cielo azul.  

Con las sensaciones de la música, me apodero de tus encantos atravesando la luz que emana de los pozos profundos de tu alma. El tiempo se detiene cuando me miro en tu mirada buscando tus ojos dormidos enraizados en las primeras luces surgidas del alba, tal como lo hacía en las primaveras humeantes de la juventud.

Espero que la hora siga su curso a través del cielo azul y que vaya disipando las nubes grises. La noche llegará placentera, deshaciendo la distancia del sonido de tu voz porque no quiero que se quede flotando en el aire si la puedo tener en mi boca.

La seda de tu piel estremece mi cuerpo inerte cuando roza, por un instante, mi espacio oculto de mi vida. Deja caer tus caricias en el vuelo suave de tus alas. Deja que tome tus manos de seda para sentir tus cinco sentidos y hacer temblar la noche que se avecina.

Mis labios esperan impacientes  tus besos que llenaran de amor profundo, el cuadro tierno del romance que no tiene tiempo para detenerse.  Es el supremo momento en que todo se paraliza. Rodarán las gotas de vino en la flama de las velas que estalla en la mente. Los pétalos de las rosas rojas harán brillar tu rostro en el silencio se queda quieto en el horizonte. Los pájaros ya no vuelan y los nubarrones  dejarán  ver el universo porque tu lo llenas todo con tu belleza.

Llegó el deseo revestido de ansiedad por disfrutar la miel que emana de la sexualidad que llevas a flor de piel cuando me encuentro enredado en tus brazos. Quiero fundir la noche con la madrugada para que ni el viento oiga las veces que te amo. El día vendrá con su luz radiante y seguiremos caminando lo que ya hemos andado hasta que el firmamento quiera tenernos en sus dominios.

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ME VOY CON EL VIENTO

  • Me voy con el viento
  • en la bruma de tu memoria
  • buscando afanosamente
  • tus deseos escondidos
  • No cierro mis párpados
  • por temor a perder tu mirada
  • No quiero ocultar mis sueños
  • si estás presente
  • Tus pasos son cortos
  • Tus huellas son largas
  • Cuando más camino
  • más te encuentro
  • siempre en el mismo sitio
  • Ya no eres desconocida
  • mis labios te conocen
  • Estás justo en mis palabras
  • inmiscuida en mis pensamientos
  • La luna sigue colgada
  • detrás de tu ventana
  • para esperar la primavera
  • La fragilidad de tu sonrisa
  • traspasa mis ilusiones
  • que ruedan y ruedan a tu alrededor
  • como la ola que busca la orilla
  • Me quedo prendado en tu silencio
  • que nada tiene que callar
  • Te encuentro en la noche pesada
  • ante el estupor del cielo azul
  • Tengo prisionero
  • los sonidos de tus suspiros
  • que me acompañan en mi insomnio
  • Las horas se han quedado quietas
  • Quieren ver pasar
  • los vientos errantes del sur
  • Llevarse la tormenta de tus ojos
  • Aclarar tu camino extraviado
  • en medio de la oscuridad
  • El curso de tu existencia
  • se ató a la mía
  • como un rizo a tu cabello
  • Vamos abordar
  • el tren de la vida
  • para perdernos en el tiempo
  • Foto para Poema

EN LA PLAYA

  • El mar
  • El viento
  • Tu sangre
  • Tu aliento
  • El beso
  • aderezo
  • del alma
  • La masa
  • de cielo
  • cubre
  • la marea
  • Tu cuerpo
  • cubre
  • la orilla
  • El sol
  • derrite
  • el hielo
  • Esqueleto
  • sin hueso
  • Sombra
  • sin peso
  • La ola
  • inunda
  • el silencio
  • Espumas
  • sin calma
  • reposan
  • en tu rostro
  • Acarician
  • tu mirada
  • Tus ojos
  • me dan vida
  • Temores
  • son amores
  • Descanso
  • no tengo
  • A la vida
  • doy
  • remanso
  • Pedazos
  • de arena
  • mojada
  • Me voy
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JUSTO EN LA ESQUINA

  • Justo en la esquina con semáforo
  • Primera puerta abierta de la mañana
  • Mil pasos aprietan el paso de cebra
  • Sonrisas, angustias, desalientos, tristezas
  • Gente que pasa debajo de otra gente
  • Gente que no volveré a ver
  • Rostros que interrumpen
  • el cuadro de la vida diaria
  • Fantasmas que no saben reír
  • Charcos de agua oscura, sin forma
  • Los carros hacen vibrar el asfalto
  • dejando su estela de smog
  • para que respiremos su veneno
  • Cambió la luz a verde
  • Me voy con mi sombra
  • antes que se rompa
  • el cristal del silencio.
  • semaforo

LA VIDA QUE SE VA

  • El viento golpea mis canas
  • Me avisa que el tiempo de caminar
  • es más lento que mí andar
  • en el campo de la vida
  • Me nutro de las mareas que no llegan
  • Ya no puedo navegar con remos
  • Tu playa se ha vuelto imprecisa
  • Tengo las manos entumecidas de frío
  • para llegar más allá del ocaso
  • las olas de tu sombra
  • no me dejan avanzar
  • Mi voz se ha roto con la noche
  • Mi sombra se desvanece en la arena
  • Quiero ver florecer
  • tu rostro en la luna llena
  • La vida marca su tiempo
  • Escucho con claridad
  • lo que habla mi alma
  • detrás de la ola mansa
  • El destino gastado
  • nos dice con su mirada
  • que hay que cerrar las ventanas
  • Puedo escuchar callado
  • el murmullo de tu corazón
  • que late junto al mío
  • En tu silencio seductor
  • quiero oírte pensar
  • cuando el alba cierre tus ojos
  • y te refugies en mi ternura
  • Si me quiero quemar con fuego
  • espero que de tus labios
  • vuelen tus besos
  • para arder en tus llamas
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AMOR ENTRE ALGODONES

Mi relato se va en dirección de una zona altamente calificada para el cultivo del algodón. Me refiero a Chincha Baja, provincia de Chincha, departamento de Ica en el centro del Perú. En esa región la vida transcurría entre los capullos blancos de los algodones que se deslizaban entre los dedos ásperos de los peones. Una familia, dueña de dos grandes haciendas, dominaba la vida económica y social del pueblo.

Un domingo, cuando el sol desalojaba de sus predios a las nubes, el patriarca asistía a la misa en la única iglesia, punto obligado de reunión de toda la feligresía. Entró de los brazos de sus dos hijas. La mayor, alta. Envuelta con la luz dorada de los reflejos de los azulejos de las ventanas, llamó la atención de un hombre bajito. Sentado al borde la fila de las bancas de madera gastadas, ataviado con su ropa dominguera, clavó su mirada insistente en la belleza andante. Para él, el silencio inundó la estancia y solo escuchaba los latidos de su corazón. Ella, le devolvió la gentileza con una media sonrisa nerviosa y una flecha cruzó las capas que bordeaban sus corazones. Transgredieron el silencio sin decir palabras. 

Con los días venideros, floreció el enamoramiento y cuando la familia se enteró de semejante atrevimiento, enviaron a la dama a un internado de señoritas en la región andina. Vano intento por deshacer lo que ya estaba escrito en sus vidas. El mozo no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer tan fácilmente. Se las arreglaba para ir de polizonte en los trenes de carga para verse con su amada. No había forma alguna que impidiera el curso de su amor. Así lo comprendieron en la familia y aceptaron, a regañadientes, que se casarán pero con una condición: Tendrían que vivir en la casa hacienda. Eso significada estar a las órdenes irrestricta del padre. El novio, con su orgullo sellado con acero, no aceptó. La novia, espoleada por su profundo deseo de estar a su lado, lo siguió. Iba en dirección contraria a los designios de su familia. Renunció a todos sus beneficios. No le importaba porque en su pequeña caja de sueños iba a escuchar su música y solo piensa en el hombre que la hará feliz. Allí empezaba a escribirse el libro de su vida. Nada se iba a interponer para cumplir sus deseos de mirar al mundo a su lado.

El “si quiero” y “te amaré para siempre” fueron los testigos de su boda. “Te amaré en la pobreza” se iría a cumplir en los primeros años sin lugar a dudas. Vivieron los tres primeros hijos. Como no se iba a quedar a mirar como seguía su curso las privaciones y dificultades económicas de un asalariado, en el silencio del algodonal, tomó la decisión de ir a buscar otros horizontes. Cargado de ilusiones se abrió camino a través de los pájaros errantes y llegó al puerto de San Andrés. Consiguió un trabajo de auxiliar de contabilidad en una oficina en Pisco y le cambió la vida. Se mudó la familia y dejaron que las bellotas de algodón se quedaran respirando en su lugar. La frontera del amor puro, no tiene límites.

Por correspondencia, terminó sus estudios y por esa misma vía, obtuvo su título de Contador Mercantil. Dada su fe inquebrantable de superación, una vez que el dueño de la oficina se retiró, le dejaron a su cargo incluido los clientes. Nos mudamos esta vez a Pisco. Por fin había cumplido su promesa de dar una vida más digna a la familia  y hacerse merecedor del amor inconmensurable de su paciente esposa.

Ella fue el sostén del hogar. Su amiga, su confidente, su amante y su fiel compañera. Se dio tiempo para las labores de la Parroquia. Vestía a los canillitas y lustrabotas de la Plaza de Armas. Llevaba desayunos a los presos los domingos. El, avanzaba en su profesión y fue Presidente del Colegio de Contadores. Formaron el Movimiento Familiar Cristiano y daban charlas a los que se iban a casar en varias ciudades: Ica, Arequipa y hasta Cuzco. Nunca pidió nada a nadie para esas conferencias y solo Dios sabe como llegaban los recursos para semejante labor apostólica. En el viaje en autobús, con su hijo mayor Luis de acompañante, preparaba sus discursos. Tenía una facilidad de palabra increíble y un don de convencimiento excepcional. Tal es así, que fueron padrinos de bodas de más de 80 parejas.

Vivieron momentos maravillosos porque, como matrimonio, formaron una sociedad indisoluble. Ella se fue primero cuando los ángeles dieron su consentimiento para volar los cielos al lado del Creador. Luego él, no pudo soportar su ausencia y les siguió los pasos. Juntos, podrían seguir disfrutando de ese inmenso amor. Yo puedo asegurarlo, porque en vida, fui un testigo en primera fila. Soy su tercer hijo. Por eso, cuando los domingos por la mañana, le llevó flores a Nivia, dejó que el viento eleve un pétalo para enviarle un beso a mi madre y con un suspiro profundo de mi corazón, abrazo a mi padre.

MANUEL ANGEL CALDERON MURGUEYTIO.

Mamá y papá