Cuando era niño (Relato corto)

De niño tenía contextura delgada. Mi cuerpo era poseído por un resorte que no me permitía quedarme quieto un instante. Era hijo salido de las aguas frías del mar de San Andrés. La planta de mis pies estaban cubiertas de rasguños por el duro caminar en las piedras afiladas de la orilla.

La playa era mi mejor compañera, sobre todo, en los veranos ardientes. Encontraba en sus brazos fríos , la gran cobija para explayarme en mis fantasías interminables que rodeaban mi mente. Cerraba los ojos, tendido en la arena. Exploraba los laberintos más recónditos de mi imaginación que se llenaban de sal al dejar las espumas de las olas, su sabor en mis labios. Al perder el camino de regreso, no me quedaba más remedio que permanecer en ella.

Cuando rastreaba las rocas debajo del agua, me creía dueño de todos los océanos hasta que el pulpo se enroscaba en mi brazo y salía a la superficie presa de pánico. A pesar que sabía lo que me esperaba al profanar sus dominios, repetía la acción otras veces.

Lo mejor llegaba con el llamado solitario de la orilla caliente. Cerraba los ojos y empezaba el desfile de situaciones increíbles donde el tiempo se desvanecía. El silencio se enrollaba en mi cuerpo para ahogarme en sus misterios.

Era el pirata errante que surcaba los mares embravecidos en busca de los tesoros escondidos. Otras veces, cuando la niebla cubría mis párpados, me iba a las Cruzadas a rescatar el Santo Grial que estaba en manos de los infieles. También tenía una red encantada que atrapaba una sirena que llenaba de escamas mi corazón enamorado a la luz de la luna llena. Su canto me hacía pasear por el universo y cuando se despedía, me dejaba de recuerdo: una estrella.

En el ocaso, abría un agujero en el espacio dejando pasar el vuelo de las gaviotas llevándose consigo, el tiempo que controla las horas. Así mi estancia era más prolongada en la tarde para que los ojos negros de los peces azules, me dieran una vuelta por los mares del mundo.

Llegó la pubertad claudicando mis aventuras imaginarias. Los amores juveniles hicieron que los guardara debajo de mis párpados. El secreto quedó oculto en el reloj de arena.

En un rincón de la memoria vuelvo a reeditar los momentos sublimes que me hicieron subir al cielo estrellado y ahora con mis palabras, los vuelvo a recuperar.

cuando-era-nino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s