Soy bohemio

Soy un soñador empedernido que no tiene reparos en estar manejando las ilusiones en cualquier circunstancia del tiempo, llenando el espacio de hechizo y euforia. Soy el único dueño de mis castillos en el aire. Algunas veces los tengo que poner en orden para que no se tropiecen entre ellos. Con solo cerrar los ojos, me coloco en el paraíso a disfrutar de lo que brinda su existencia. Mi imaginación trasciende los sentidos sintiéndome capaz de realizar hazañas inimaginables con solo un suspiro.

Prefiero mirar la vida llena de armonía que me hacen sentir sensaciones desconocidas, al ver las luces que se extienden en el firmamento donde el cielo se junta con el mar. Soy sensible al contemplar una obra de arte a través del polvo cósmico del universo o un inocente garabato de un niño donde queda reflejada su inocencia.

Escucho la música clásica para pensar en mi mismo; el jazz para vivir una experiencia misteriosa y regular mi carácter. Cuando la adrenalina burbujea en mi cuerpo, el rock de los 70 es la nota en las noches húmedas con humo, haciendo crujir mis huesos hasta perder mi lucidez. Me desentiendo de lo que sucede a mi alrededor y se me va la noción del transcurrir de las horas.

No hay como estar inmerso en los refrescantes y límpidos vientos de la cultura. Disfruto del teatro porque nutre mi espíritu y si la obra es mala, me voy por la puerta de atrás. De la ópera,  para escuchar historias con melodías sublimes. Del ballet, me deleita el arte maravilloso hecho danza.

Leo un buen libro con el fulgor de la luz que despide tus ojos para relajarme;  fomentar mi concentración, mejorar mis relaciones humanas y de paso, es un agradable pasatiempo que nutre mi mente cuando mi psique quiere vagar por los caminos menos recomendados.

Cuando la noche se desvanece en el infinito, se rodea de un silencio sepulcral. Es el momento ideal para escribir mis poesías en las hojas sin líneas ni ranuras con tal que no se fuguen las palabras. Así puedo escuchar cuando las flores abren sus pétalos y me producen un efecto de encantamiento.

Aprendo a tocar guitarra a pesar que no tengo buen oído para las notas y canto fatal, junto a los pájaros sin nombres que no duermen al no soportan la acidez de mi voz.

Aprecio un menú gourmet en un restaurante de primera clase como un simple sándwich en casa, donde reposa el calor del hogar. Eso lo considero más importante que el lujo que se esfuma en la banalidad de dejarse ver para ser admirado. Me parece una soberana tontería de vanidad.

Bailo al ritmo de la música subterránea hasta que el sol alumbre mis botas gastadas y mi sombra quemada, esparza sus cenizas después de lo gozado. El lugar es lo de menos si el ritmo y el sabor lo llevas en la sangre.

Me gusta viajar por caminos sin fronteras sin saber a dónde voy. Mi mochila es mi única compañera que se deja llevar sin preguntar. Me desplazo en mi auto, en un autobús o si la ocasión se presenta, en un camión de carga. Lo importante es llegar al destino no previsto bajo el impecable estallido del sol.

Hago amigos sin distinciones porque todos somos iguales a los ojos de Dios. Mi piel es muy delgada para hacer comparaciones necias. Establezco migas con una persona morena o una blanca como la leche. No me importa donde vive porque el hábito no hace al monje.

Soy espontáneo y me importa un bledo programar el itinerario del día a día. Lo convencional no va conmigo porque amo ser libre en todo sentido de la palabra.

Vivo enamorado del perfume del cuerpo de Nivia porque me permite subir al cielo, convivir con la luna y vivir estrellado por el fuego que despide nuestra querer. Disfruto el amor a plenitud y dejo que el amor disfrute de mí. No hay cosa más divina que amar y sentirse amado íntegramente en medio de la vorágine de la pasión

Soy un fantasma solitario oscilando en la realidad virtual. Con moderación y cordura, soy una persona como las demás.

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Veranos sin nombres

  • Me imagino contigo a mi lado
  • Sintiendo la arena
  • pegada a nuestros suspiros
  • El sol, las gaviotas, la brisa
  • nos acompañan silenciosos
  • en los veranos sin nombres
  • Los lunares en tu piel
  • iluminan el atardecer
  • cuando las olas cristalinas
  • bañan tus pies con olor a sal
  • Hoy, en los años que
  • descansan en mi pecho
  • se desvanecen las miradas
  • que envolvían los amores
  • cubiertos de tardes frescas
  • Se durmieron los crepúsculos
  • rasgando en el silencio
  • las sabanas de los recuerdos
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Reminiscencia

  • Los recuerdos los escondo
  • en lo más recóndito
  • de mis frágiles venas
  • Se fueron presurosos
  • por la puerta de enfrente
  • Regresaron por las ventanas
  • traídos por la memoria
  • conservando su fidelidad
  • Vestidos con el color de la vida
  • su música clamará
  • por los viejos tiempos idos
  • En el silencio de la noche
  • llorarán entristecidos
  • derrumbando la nostalgia
  • Cualquier día necesitamos
  • acariciar las canas
  • para alimentar en la piel
  • lo que nos hizo sonreír, gozar
  • y lo escondimos presurosos
  • como una perla invaluable
  • en los sueños moribundos
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Necesito de ti

Necesito saber que estás a mi lado

para disfrutar de la noche callada

No podría tener un sueño tranquilo

si mi mano no toca tu frente húmeda

El sonido acompasado de tu corazón

lo tengo que tener en mi oído

como la melodía que adormecerá

el frío del invierno crudo

Espero que me regales un beso

en el silencio del otoño

Aplacará la hilera de emociones

contenida en un vaso de tiempo

Necesito despertarme  en tus ojos

con la bruma que cubre mi rostro

Haré de cuenta que es un sueño

sin necesidad de despertar

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La mano del pescador (Cuento)

En San Andrés, pueblo de pescadores al sur de Lima, un joven de 26 años, dedicado a la pesca, se casaba ilusionado con la chica de 22 que ayudaba a su mamá en la venta de pescado en la orilla de la playa. Se habían enamorado desde pequeños y la boda fue todo un acontecimiento.

Con la juventud a cuesta, vivieron su luna de miel intensa hasta que le tocó a él regresar a su trabajo. Salió muy avanzada la noche a la pesca del pejerrey (pez pequeño, alargado). En esa época, se acostumbraba utilizar dinamita. Había que tener precisión para hacerla explotar al ras del agua y el  pescado flotaba por aturdimiento. Método fácil y productivo pero prohibido por ser altamente peligro. En esa oportunidad, fue designado a  lanzar el artefacto pero con tan mala suerte que le explotó cerca de su mano arrancándola. Inmediatamente los compañeros, sacaron la mano del agua y la pusieron en hielo seco. Regresaron al pueblo directo al hospital. Lamentablemente murió a la semana. La desconsolada viuda joven, quiso quedarse con la mano congelada la cual la guardó en una pequeña urna en el closet de su cuarto, cambiando el hielo continuamente en forma religiosa.

Pasaron dos años y tuvo otro pretendiente. Después de algunos intentos, por fin fueron a la habitación de ella. En el fragor de la pasión, él se quitó la ropa y, al ir a dejarla en el closet, apenas abrió la puerta, la mano se prendió de su cuello dejándolo muerto en un instante.

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Pelegrino

  • Si voy a escribir en las paredes
  • es porque no tengo
  • ni lápiz ni papel a la mano
  • Tampoco tengo camino
  • Las cuerdas de la oscuridad
  • ocultaron las señales
  • Escucho el silencio a mí alrededor
  • hasta cuando cae en mi cabeza
  • Mis pasos resuenan en las sombras
  • No tienen rumbo concebido
  • Solo escucho quedamente
  • su eco debajo de la tierra
  • Seré peregrino errante
  • persiguiendo las palabras
  • que se derriten en el aire
  • No tengo opción inmediata
  • En algún lugar me quedaré
  • para reposar mi destino
  • muy lejos de la soledad
  • peregrino

Tiempo congelado

  • La honda soledad no niega tu presencia
  • a pesar de que se ve a la distancia
  • una luna con manchas en sus bordes
  • Aún teniendo humedad las estrellas
  • floreces en mi jardín de noche joven
  • extendiendo tus pétalos en mi ilusión
  • de poseerte como una rosa eterna
  • Ningún vocablo cubrirá este amor
  • que llena de fuego los sueños vividos
  • Con tu sonrisa resplandeciente
  • extinguiré mis penurias escondidas
  • hasta olvidarme de que existo
  • El espacio se llena de silencio
  • al escuchar en secreto en mis venas
  • como corre tu querer por dentro
  • Mi alma espera quemarse
  • cuando las llamas de tu amor alcancen
  • mis descontrolados deseos
  • Las horas se han congelado
  • al tocar el tiempo que flota
  • la pintura de tu rostro adormecido
  • Tu suspiro habitará en mi interior
  • por los años que nos faltan por vivir
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Amar tu amor

  • La luna iluminaba mi lecho
  • irradiando su luz blanquecina
  • en todo tu cuerpo frágil
  • Tengo tu noche en mis venas
  • y soy dueño de tus silencios
  • Te había esperado impaciente
  • despejando el sueño
  • colado en mi almohada
  • Respiro profundo
  • para aquietar mi ansiedad
  • Llegaste en tus alas livianas
  • en un vuelo armonioso
  • disipando las nubes espesas
  • Me acercaré a tus suspiros
  • sin despertar tu luz
  • Amaré tus pasos
  • cuando su música
  • llegue a mi corazón
  • Amaré tu amor
  • en el fuego de los espejos rotos
  • Por eso escribo poesías
  • dejar