La mano del pescador (Cuento)

En San Andrés, pueblo de pescadores al sur de Lima, un joven de 26 años, dedicado a la pesca, se casaba ilusionado con la chica de 22 que ayudaba a su mamá en la venta de pescado en la orilla de la playa. Se habían enamorado desde pequeños y la boda fue todo un acontecimiento.

Con la juventud a cuesta, vivieron su luna de miel intensa hasta que le tocó a él regresar a su trabajo. Salió muy avanzada la noche a la pesca del pejerrey (pez pequeño, alargado). En esa época, se acostumbraba utilizar dinamita. Había que tener precisión para hacerla explotar al ras del agua y el  pescado flotaba por aturdimiento. Método fácil y productivo pero prohibido por ser altamente peligro. En esa oportunidad, fue designado a  lanzar el artefacto pero con tan mala suerte que le explotó cerca de su mano arrancándola. Inmediatamente los compañeros, sacaron la mano del agua y la pusieron en hielo seco. Regresaron al pueblo directo al hospital. Lamentablemente murió a la semana. La desconsolada viuda joven, quiso quedarse con la mano congelada la cual la guardó en una pequeña urna en el closet de su cuarto, cambiando el hielo continuamente en forma religiosa.

Pasaron dos años y tuvo otro pretendiente. Después de algunos intentos, por fin fueron a la habitación de ella. En el fragor de la pasión, él se quitó la ropa y, al ir a dejarla en el closet, apenas abrió la puerta, la mano se prendió de su cuello dejándolo muerto en un instante.

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